Un alto directivo no permanece en su burbuja ni delega el aprendizaje: ejecuta, pero al mismo  tiempo sabe escuchar y, por supuesto, se preocupa. Los especialistas coinciden en que debe ser dinámico, expresivo, amigable y analítico. ¿Hasta dónde lleva el deseo por cambiar paradigmas en la industria?

Por Sara Maldonado

Cada amanecer, piensa en cómo hacerlo mejor. Cómo superarse. Cómo ganarse a sí mismo. Un alto ejecutivo —pertenezca al sector que pertenezca— está en constante evolución. Son hombres y mujeres (sólo 3% de los líderes de todo el mundo son mujeres) con preparación sobresaliente. Siempre están al día y al tanto de novedades que se generan en otros sectores para fortalecer su cultura y jerarquía.

Por otra parte, también hay ejecutivos que viven en un mundo aislado. Los constantes viajes y sus estrategias fijadas en los mercados o atendiendo citas y congresos ejecutivos los absorben. ¿Con qué alimentan su desarrollo, cómo logran permanecer actualizados en este mundo que avanza a cada parpadeo? Según la 6a Encuesta de ceo México y la 18 Encuesta Global Anual de CEO de PricewaterhouseCoopers (PwC) «un CEO no sólo es testigo de primera fila de su historia sino que, en un buen número de casos, él ha sido el factor determinante de la misma». La suma de sus habilidades interpersonales, su capacidad para comunicarse y su mentalidad estratégica son tan importantes como los resultados financieros de las compañías que dirigen y representan.

No es tarea fácil. La excelencia, según el diccionario de la Real Academia Española, significa: «superior calidad o bondad que hace digno de singular aprecio y estimación algo», pero también es «tratamiento de respeto y cortesía que se da a algunas personas por su dignidad o empleo». De estas definiciones podemos captar que la excelencia es saber construirse sólidamente como ser humano y la persona que vive con excelencia posee, entre otras cosas, claridad en sus propósitos, originalidad, responsabilidad y libertad.

ADN de líder

Un buen ceo ha de tener contacto con su gente. Sitúan en el mismo rango de importancia dar una conferencia que escuchar a sus similares. Bart Pattyn, presidente y ceo en América Latina de Coface busca sabiduría en diversos libros, pero también lee varios diarios con contenido financiero como The New York Times. Asiste como ponente a las Conferencias Riesgo País de América Latina (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, México y Perú) así como a la principal que se realiza en París. También asiste a conferencias que organiza la American Chamber of Commerce of Mexico (AMCHAM) y las cámaras europeas. Para prepararlas, Pattyn está en contacto con diferentes economistas para tener una perspectiva amplia, pero la clave es saber transmitir su propia experiencia de trabajo, en los mercados tanto avanzados como emergentes, y reiterar la importancia de  vincularse directamente con los negocios.

«Las estrategias de cualquier CEO, en particular aquellas que requieren un cambio de conducta, representan uno de los mayores desafíos que cualquier líder puede enfrentar; sin embargo, son precisamente dichas estrategias las que desarrollan ventajas competitivas realmente útiles para su organización. La cultura es, sin duda, el alma de toda organización, y en ella se consolidan voluntades y se define el éxito de cualquier visión y propósito”, leemos en el libro Las 4 disciplinas de la Ejecución.

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