Pasar de un pequeño emprendimiento en el galpón de una casa a convertirse en el gigante mundial de su sector –y en este caso, en uno de los motores de una nueva industria- puede figurar en un libro de cuentos. O, transformado en realidad, en el objeto de estudio de las mayores escuelas de negocios. Nike es uno de esos casos. Nunca te pares, la autobiografía de su fundador, Phil Knight, nos lleva desde aquellos comienzos hasta desembocar –más de medio siglo después- en esta realidad que es la industria del calzado, la indumentaria y el marketing deportivo.

Para conocer los entretelones en los años de expansión, la contratación de grandes figuras o la rivalidad con otras marcas, así como los debates internos, el libro de Phil Knight ya no aporta tanto. En 1992, Nike, de uno de sus principales ejecutivos, Bob Strasser, junto a la redactora Laurie Becklund, revelaba aquellos detalles. Strasser, posteriormente, dejó Nike para pasarse a su archirrival, Adidas, pero aquel testimonio había quedado. Se puede encontrar en nuestras librerías, al igual que el flamante título de Knight.

En cambio, Nunca te pares –extraña traducción al original (Shoe Dog)- se concentra en los tiempos fundacionales, en el Phil Knight que concluye sus estudios universitarios en Stanford y emprende un viaje iniciático por Oriente, todavía sin un rumbo fijo para su vida. De paso: ¿En cuánto influyeron las filosofías orientales, el budismo y los métodos de negociación sobre magnates modernos?. Esto se percibe en Knight, como también llamaba la atención en la biografía de Steve Jobs y sus alusiones a la India… Nike pasó de aquel galpón y los préstamos que le hicieron sus padres a Knight al imperio de nuestros días. Fue sumando estrellas deportivas, compitiendo con las otras grandes marcas en la contratación, siendo una de las primeras en utilizarlas como elemento decisivo del marketing. El tenis (con Nastase, Connors y McEnroe) fue el primero en darle una amplia visibilidad, luego se produjo su salto a varios de los deportes más populares de EE.UU. –fútbol americano, básquet- hasta ingresar en el “soccer” (nuestro fútbol) a principios de los 90. Pero el deporte verdaderamente ligado al origen de la marca y al corazón de Nike es el atletismo.

Phil Knight era un mediofondista de regular nivel en uno de los “templos” del atletismo mundial, Oregon, su estado natal. Allí lo entrenó nada menos que un entrenador emblemático como Bill Bowerman a quien, por su sapiencia y su imagen, lo convirtió en el socio al 49% de su empresa de origen llamada Blue Ribbon. Y el recordado –y malogrado- atleta Steve Prefontaine fue el verdadero ídolo del empresario, el primero que paseó sus zapatillas en el alto nivel y en las principales pistas. Después llegarían otros nombres, hasta que, durante los Juegos Olímpicos de Los Angeles, en 1984, Nike dio el golpe que revolucionaría al mercado deportivo, al asociarse a una joven promesa del básquet llamada Michael Jordan. Pero el backstage de la contratación de “Air Jordan” está contado en la obra de Strasser, y Knight apenas lo menciona.

Piques y frenos

Blue Ribbon surgió en 1962, cuando Knight era un joven silencioso y con ambiciones desconocidas. El libro describe sus primeras búsquedas, su intuición. Y sus desilusiones: diez años peleando para que algún banco les financiara sus importaciones (finalmente lo hizo un socio japonés), sus quejas por la falta de “liquidez”, los proyectos fallidos. Pero lo concreto fue que el mercado del calzado deportivo estaba poco desarrollado en Estados Unidos. Knight se relacionó con una compañía japonesa, la Onitsuka, para importar los calzados Tiger y se sorprendió por la rápida aceptación que tuvieron en su país. Fue una relación complicada, se extendió por una década y terminó mal.

Admite que él mismo tenía un espía en la Onitsuka, y así pudo enterarse de que los japoneses –dado el rápido crecimiento de sus envíos a Estados Unidos- buscarían un importador más solvente. Y allí se terminó la relación, entre demandas y contrademandas. Knight y sus lugartenientes trataron con otras fábricas (algunas en México) y concibieron su nueva marca. El logo que la haría famosa era creación de una joven diseñadora a quien le pagaban 35 dólares la semana por sus colaboraciones. Para el nombre, también divagaron durante varias noches: Falcon, Bengal o Dimension Six eran los más probables. Finalmente, alguien sugirió el “Nike” en alusión a la diosa griega de la victoria. Knight no estuvo muy convencido en un principio, pero finalmente -según cuenta-recordó alguna inspiración en su visita al Partenón. Esto ocurrió en 1976. El despegue fue inmediato y, en apenas una década, ya era una compañía que sobrepasaba los mil millones de dólares de ingresos, calificando al top 500 de Fortune. Justamente en el momento de mayor crecimiento, simultáneo al efecto Michael Jordan, otra marca comenzó a disputarles –y lo hizo con sostenido éxito por varios años- el mercado del running en Estados Unidos: Reebok. Pero ya sería otra historia.

Knight, en esta autobiografía, prácticamente se concentra en los años duros. Y también aborda poco, o directamente elude, algunas de las mayores controversias. Por ejemplo, la negativa campaña publicitaria que Nike desarrolló durante los Juegos Olímpicos de Atlanta, en 1996. O las acusaciones por explotación laboral en los mercados asiáticos, a las que replica con las obras solidarias y las mejoras que su propia empresa aplicó allí. Más allá de olvidos o parcialidades, Nunca te pares es la propia voz de quien construyó a uno de los actores principales del deporte moderno.

Fuente: Clarin.com