Al hablar de información y de destreza en su manejo, hemos de aludir al concepto de aprendizaje permanente (lifelong learning), otra característica clave en el perfil del trabajador de que hablamos. En efecto, todos hemos de atender al continuo desarrollo de nuestro perfil profesional.

Aquí hemos de recordar que el avance tecnológico en la Informática y la Telecomunicación trajo, en la década anterior, el concepto de e-learning, es decir, de aprendizaje on line. Parecía que los cursos on line venían a sustituir en las empresas a los más costosos cursos en aula, y hace casi unos diez años las grandes corporaciones desplegaban sus plataformas -campus virtuales- de e-learning.

Por entonces, parecía ponerse más énfasis en la tecnología que en la propia información didáctica que el usuario debía traducir a conocimiento y conducta, y de hecho, en 2004, un estudio de Santillana Formación destapaba la insatisfacción de los usuarios con los contenidos ofrecidos en la formación on line. Un año después, los aprendizajes producidos eran considerados poco significativos por representantes de la Fundación Tripartita para la Formación en el Empleo. Todavía en 2007, observé que algún importante proveedor de e-learning seguía poniendo el énfasis en la tecnología como medio para mejorar los resultados del aprendizaje, y lo hacía sin mencionar la información contenida en los cursos, cuyo potencial didáctico ha de asegurarse debidamente.

No cabe subestimar la importancia del soporte tecnológico en la carga multimedia de los cursos y en su interactividad, pero yo insistiría aquí en que el conocimiento viene de la información ofrecida, y se consolida en el cerebro del alumno. La Informática y la Telecomunicación hacen su trabajo de forma ventajosa, pero inexcusable resulta tanto la labor del experto docente generando información didáctica, como la del alumno traduciéndola debidamente a conocimiento aplicable, y aun elaborando conexiones, inferencias y abstracciones útiles (el mejor aprendedor también es creativo).

El lector puede haber tenido alguna experiencia de e-learning, incluso con material interactivo y multimedia. Yo me he encontrado con oportunos e inteligentes diálogos usuario-ordenador, pero también con información irrelevante y preguntas confusas que me hacían perder la confianza en el contenido del curso. Hay proveedores de e-learning que parecen seguir relativizando la importancia de los contenidos en favor de la tecnología, pero hay igualmente otros muchos dispuestos, con sus productos y servicios, a catalizar el aprendizaje de los usuarios, a satisfacer sus expectativas.

Ciertamente hay que hablar más de aprendizaje que de formación, e incluso de habilidades de aprendizaje, que tan necesarias nos resultan. Entre estas habilidades y fortalezas para el aprendizaje, e insistiendo en que el trabajador del saber protagoniza el proceso, figura el pensamiento crítico y otras habilidades cognitivas, pero también elementos intrapersonales como la tenacidad, la intuición o la serendipidad (sagacidad al hacer descubrimientos casuales). El profesional experto y aprendedor permanente sabe obtener el máximo provecho de la información a que accede, y no se deja confundir.