Frágil, antigua, única por su relación con el medio ambiente, Venecia pierde cada día más habitantes. Una ciudad puede morir cuando pierde la memoria de sí misma, es decir, cuando pierde a sus ciudadanos. Es lo que dice el experto italiano Salvatore Settis en “Se Venezia muore”, un libro que debería traducirse pronto. Frágil, antigua, única por su relación con el ambiente -la laguna donde está construida, apenas separada del Mar Adriático por los islotes del Lido- Venecia pierde cada día más habitantes en su centro histórico. Sigue en pie aunque hundiéndose lentamente, amenazada por las mareas del Mar Adriático, los proyectos de construcción de rascacielos y la excavación de profundos canales en las bocas de puerto -un riesgo para el ecosistema- que facilita la entrada de los grandes cruceros.

Venecia, una historia de supervivencia

El puente de Rialto, una típica postal de Venecia

Cierto que vivir en el centro histórico es para pocos. Venecia es cara y la logística de la vida cotidiana es compleja. Cierto que cada tanto aparece un rico entusiasta dispuesto a restaurar un palacio. Cierto que sigue en pie la luz de Venecia, esa que se ve en las pinturas de Bellini, Tiziano, Tintoretto, Tiépolo y Guardi. Pero el centro histórico pierde habitantes, eran 61.000 en el año 2001, son 56.000 ahora. Los jóvenes se van a vivir a tierra firme, a Mestre, o adonde sea más económico.

Venecia, una historia de supervivencia

El famoso Puente de los Suspiros

Settis dice que Venecia da para pensar, porque durante siglos fue el modelo de ciudad moderna, fue lo que hoy es Nueva York. Brilló como una república de comerciantes y marinos. Napoleón Bonaparte la conquistó cuando ya era una sombra de sí misma. Fue un centro de intercambio entre Oriente y Occidente, hasta que el descubrimiento de América en 1492 cambió las rutas del comercio mundial. No es casual que Marco Polo y el mítico Corto Maltés sean venecianos.

Se estima que veinte millones de turistas visitan Venecia cada año, muchos llegan en cruceros más altos que la basílica de San Marcos y su campanario. Mientras los ve, un mozo del café Florian dice a quien quiera oírlo que, para empezar a conocer Venecia, hay que alojarse al menos una semana en un hotel del casco antiguo.

Venecia, una historia de supervivencia

La plaza San Marcos, en el casco histórico de Venecia

Settis es arqueólogo e historiador del arte, dirigió el Getty Institute en Los Angeles y el consejo científico del Louvre. Escribe que “en Venecia, incluso la desorientación es una virtud, perderse en el laberinto de sus paseos, lejos de los sitios más frecuentados, hace descubrir nuevas bellezas e historias. El cuerpo de la ciudad repite y exalta el cuerpo del ciudadano, lo guía, hace resonar sus pasos y voces, lo acompaña por puentes, canales y plazas con una gracia armoniosa, única en el mundo. Venecia es una creación colectiva, no sólo de nobles y mercaderes, también de artesanos y marineros, carpinteros, pintores, músicos, escribanos”. Por eso insiste: “una ciudad sin ciudadanos es una cáscara vacía”.